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Los Dioses dan segundas oportunidades solo a las almas puras que se atreven a soñar con un mundo mejor.
Al borde de la muerte pudo verlo con claridad, de más allá del muro se extendió la mano helada de un ser hecho por completo de maldad y dolor, vio el mundo en tinieblas, los dragones yaciendo sin vida entre las aguas, vio el cometa, el humo y sal yendose del destino de la humanidad.
No hay salvación para la humanidad, nada tiene sentido ya, ni los dragones y el trono por el cual hermanos mataron a hermanos.
Pero los Dioses saben que almas recompensar, las que no están manchadas ni corrompidas por el odio y la venganza. La segunda princesa de la dinastía Targaryen abrió sus ojos en su habitación una vez más, el reloj dio marcha hacia atrás volviendo a sus días de adolescencia.
Pensó en la guerra y todo el dolor que se avecinaba para su familia, durante la cena la princesa mayor se burló de ella en un arrebato y por fin su padre hizo algo que Helaena jamás creyó verlo hacer: " Rhaenyra, has ofendido a tu hermana con tus palabras. Haelena también podrá elegir a su esposo porque es una princesa y todas las princesas reales pueden hacerlo".
Los ojos violetas de Helaena se crisparon y no dudó en levantarse: "Quiero casarme con el señor del norte".