MoonGuntachai
La sangre era caliente.
Demasiado.
Prem la sentía correr por sus manos mientras sostenía el cuerpo de Boun contra el suyo, como si apretarlo con fuerza pudiera obligarlo a quedarse vivo.
-No... no era así... -murmuró, con la voz rota, temblando por primera vez en su vida-. Boun, mírame. Te ordeno que me mires.
Boun sonrió.
Una sonrisa débil, cansada... pero en paz.
-Siempre... tan cruel -susurró, tosiendo sangre-. Incluso ahora... sigues dando órdenes.
El ruido del caos alrededor se desvanecía. El incendio. Los gritos. La traición que Prem nunca vio venir... porque había estado demasiado ocupado traicionando primero.
-¿Por qué hiciste esto? -escupió Prem, desesperado-. ¡Era yo el que tenía que morir!
Boun alzó la mano con dificultad y tocó el rostro de Prem, como si quisiera memorizarlo una última vez.
-Porque... aunque nunca me amaste... -respiró hondo, cada palabra un esfuerzo- yo sí te amé. En esta vida... y en todas las que hagan falta.
Los ojos de Prem se abrieron con furia.
-¡No digas estupideces! Yo no te pedí esto. Yo no te elegí.
Boun rió muy suave.
-Lo sé... -susurró-. Pero yo sí.
La mano cayó.
Los ojos de Boun se apagaron.
Y el mundo, por primera vez, castigó a Prem dejándolo vivo.
Prem gritó.
No por amor.
No por arrepentimiento.
Gritó porque, demasiado tarde, entendió que había destruido lo único puro que había tenido.