valerymichell_'s Reading List
2 stories
drogadicta a los 16 by weedSF
weedSF
  • WpView
    Reads 8,063
  • WpVote
    Votes 228
  • WpPart
    Parts 3
Esta historia cuenta el día a día de una chica y su adicción a la marihuana
Memorias De Una Geishia. by yndayiitaw
yndayiitaw
  • WpView
    Reads 357
  • WpVote
    Votes 5
  • WpPart
    Parts 6
“Desde aquel momento dejé de ser una niña que solo sentía un vacío para alguien con un objetivo. Vi que convertirse en una Geisha era ser algo más importante y tener un lugar en el mundo.” Imagínate que tú y yo estuviéramos sentados en una apacible estancia con vistas a un jardín, tomando té y charlando sobre unas cosas que pasaron hace mucho, mucho tiempo, y yo te dijera: «El día que conocí a fulano de tal... fue el mejor día de mi vida y también el peor». Supongo que dejarías la taza sobre la mesa y dirías: «¿En qué quedamos? ¿Fue el mejor o el peor?». Tratándose de otra situación, me habría reído de mis palabras y te habría dado la razón. Pero la verdad es que el día que conocí al señor Tanaka Ichiro fue de verdad el mejor y el peor día de mi vida. Me fascinó, incluso el olor a pescado de sus manos me pareció un perfume. De no haberlo conocido, nunca hubiera sido geisha. No nací ni me eduqué para ser una de las famosas geishas de Kioto. Ni siquiera nací en Kioto. Soy hija de un pescador de Yoroido, un pueblecito de la costa del Mar de Japón. En toda mi vida, no habré hablado de Yoroido, ni tampoco de la casa en la que pasé mi infancia o de mis padres o de mi hermana mayor, ni desde luego de cómo me hice geisha o de cómo te sientes siéndolo, con más de media docena de personas. La mayoría de la gente prefiere seguir imaginándose que mi madre y mi abuela fueron también geishas y que yo empecé a prepararme para serlo en cuanto me destetaron, y otras fantasías por el estilo. En realidad, un día, hace muchos años, le estaba sirviendo sake a un hombre que mencionó de pasada que había estado en Yoroido la semana anterior. Me sentí como se debe de sentir un pájaro al encontrarse al otro lado del océano con una criatura que conoce su nido. Me quedé tan sorprendida que no pude contenerme y le dije: —¡Yoroido! De ahí soy yo.