kamiivox
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El hotel quedó sumido en un silencio inusual tras la salida nocturna de todos sus huéspedes. Luces apagadas, pasillos vacíos... solo Alastor permanecía en su interior, velando el lugar como un guardián que no duerme.
El golpe en la puerta rompió la calma.
Al abrir, no encontró a un invitado ni a un enemigo declarado, sino a Vox.
Su pantalla parpadeaba con interferencias, su cuerpo apenas se sostenía en pie, dañado, vulnerable, al borde de desplomarse en el umbral.
Por un instante, Alastor no hizo nada.
Solo lo observó.
Porque hay señales que no deberían fallar...
y otras que llegan rotas, buscando auxilio.