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Max siempre fue el típico problema con patas: cínico, cortante, con cara de "no me importa nada" incluso cuando claramente algo le molesta. Vivía cómodo en ese papel. Nada le afectaba, nadie le importaba demasiado, y así estaba bien.
Hasta que apareció Nikki.
Un caos constante. Hace lo que quiere, cuando quiere, sin pedir permiso ni explicaciones. Y por alguna razón, siempre termina metiéndose en su espacio. Max intenta ignorarla -falla. Intenta evitarla -peor. Porque Nikki no es de las que se van.
Al principio es simple: le irrita. Después... se vuelve costumbre. Y en algún punto incómodo, pasa a ser expectativa.
Ya no es "qué pesada". Es "¿por qué no apareció hoy?".
Su dinámica no es dulce ni obvia. Es empujones, discusiones, comentarios sarcásticos y miradas que duran medio segundo más de lo necesario. Nikki lo arrastra a sus ideas absurdas; Max protesta... pero igual va. Él finge que no le importa; ella finge que no lo nota.
No son cercanos. No exactamente. Pero tampoco son solo compañeros.
Es esa clase de "amistad" donde ninguno va a admitir nada, pero ambos saben que algo está cambiando. Donde molestarse es casi un lenguaje propio. Donde irse sin avisar pesa más de lo que debería.
Y lo peor para Max no es que Nikki sea insoportable.
Es que ya no está tan seguro de querer que deje de serlo.