Dark-Geisha
La música seguía sonando, suave, casi decorativa.
Globos, risas ajenas, copas en alto. El primer cumpleaños de Menma parecía exactamente lo que debía ser.
Naruto hablaba animado con un par de invitados.
Sonreía, asentía, hacía gestos con las manos. Sasuke, a unos pasos, observaba la escena con una inquietud súbita
Miró alrededor.
—¿Menma…? —murmuró.
No estaba con los niños. No estaba con kushina. No estaba en brazos de nadie.
Entró a la casa.
Abrió una puerta. Nada.
Otra. Vacía.
El baño. La habitación de invitados. El despacho.
Su respiración empezó a desordenarse.
—Menma… —esta vez más alto.
Salió al jardín. Recorrió los senderos, miró detrás de los arbustos, bajo la mesa, en el estanque. El mundo se estrechaba, se volvía ruidoso y borroso.
No estaba.
Corrió de vuelta. Tomó a Naruto del brazo con fuerza, demasiada
—Menma… Koko ni wanai (no está )—dijo rápido, atropellado
Naruto lo miró sin entender, confundido por el japonés apresurado, por el temblor en sus manos. Sasuke señaló, negó con la cabeza, se llevó las manos al pecho.
Sus ojos ya estaban húmedos.
Naruto entendió el pánico antes que las palabras.
Empezó a buscar también. Llamó a la gente, revisó habitaciones, levantó manteles, abrió portones. El tiempo se volvió un enemigo espeso.
No lo encontraron.
Sasuke se quebró. Las palabras le salieron entre sollozos, rápidas, duras, llenas de culpa y miedo.
Reclamó, gritó el nombre de su hijo, golpeaba el pecho de Naruto gritando cosas que él no podía comprender.
Entonces Sasuke lo miró.
Naruto estaba llorando.
Con el rostro deshecho, los ojos rojos, la respiración rota. El mismo terror.
Sasuke ya no pudo sostenerse.
Se aferró a él y se derrumbó contra su pecho, llorando sin control.
—Mitsukete kudasai... mitsukenakereba narimasen... (Encuentralo... Debes encontrarlo...)
Naruto no entendió, no lo necesito
—Я збираюся це знайти. (Voy a encontrarlo)
Naruto lo rodeó con los brazos, fuerte, como si así pudiera mantener al mundo en su sitio.