Majoo_LE
En el México de 1989, Lía aprendió desde muy joven que amar podía ser un pecado, sobre todo cuando ese amor sonaba como una canción que no debía escuchar
Por eso rezaba con más fuerza cada vez que su corazón se desviaba del camino que le habían enseñado. Por eso aceptó el anillo, el vestido blanco prometido y la vida que otros habían decidido por ella, convencida de que la obediencia era una forma de salvación y que eso la liberaría de su mas grande pecado, ser lesbiana-Aunque le daba miedo aceptarlo- y no se atrevia a contarselo a alguien.
A sus veinticuatro años, Lía era maestra de religión y novicia, una mujer dulce y paciente, querida por los niños y respetada por los adultos. Su fe era sincera, pero estaba construida sobre silencios, sobre palabras que nunca se atrevió a pronunciar. Nadie sabía -o nadie preguntaba- por qué evitaba mirarse demasiado tiempo en el espejo, ni por qué su sonrisa se apagaba cuando hablaban del futuro que la esperaba.
Fue entonces cuando la música llegó a su vida sin pedir permiso.
Primero como un recuerdo difuso, una mirada fugaz en medio del ruido de la ciudad. Después, como una presencia imposible de ignorar. Verónica apareció con risas despreocupadas, con pasos seguros y una libertad que Lía no sabía nombrar, pero que reconoció de inmediato como algo peligroso.
Porque algunas canciones no se escuchan con los oídos, sino con el alma.
Y una vez que empiezan, ya no hay forma de silenciarlas.