lishlai
Mar no improvisa.
Estudia arquitectura y vive con el cronómetro en la mano. Todo medido, todo pensado. Horarios, recorridos, márgenes. Nada se sale del molde. Hasta que una noche, entre el quilombo y el calor, aparece él.
Zeballos.
El ídolo. El de los gritos en la tele, las figuritas, las publicidades. Pero ahora no hay cancha, no hay hinchada. Solo un pibe con cara de agotado y una mirada que la deja tambaleando.
Exequiel está podrido de ser "el crack".
Mar, de que le digan cómo tiene que sentir.
Pero a veces, perder el control no es fallar, no es que todo vaya mal.
Es empezar de nuevo.
No se buscaban.
No tenían nada que ver.
Pero cuando algo te mueve, no importa si encaja.
Lo sentís.
Y no lo podés soltar.