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Gustabo avanza un paso. Dos. Y deja caer su cabeza en el hombro de Conway, escondiéndose en el hueco de su cuello. Hace mucho que dejó de oler a cigarrillos y alcohol. Ahora siempre huele limpio. Limpio y cálido. Gustabo lo prefiere.
Hemingway decía que la mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es, justamente, confiando en él. Gustabo no confía demasiado; ni a primeras ni a últimas. Por lo que no sabe a ciencia cierta si puede o no confiar en nadie. Punto y aparte, por supuesto, de Conway.
Y es por eso que decide creerle. Creer que esto es real. Que ha despertado de otras tantas de sus caminatas sonámbulas y que los brazos que ahora lo rodean no son otro sueño, otra cruel pesadilla para mostrarle cuánto ha perdido, cuánto podría haber llegado a tener si hubiera hecho las cosas bien.
...
sobra aclarar, pero, NO lazos sanguíneos.