hegrumpy
- Reads 4,651
- Votes 370
- Parts 12
El amor es una criatura hambrienta.
Te acaricia, como si quisiera convencerte de que sus manos no esconden dientes.
Te hunde lentamente la boca en ti y comienza a devorarte.
Te arranca pedazos de orgullo, de independencia, de todo aquello que juraste que jamás entregarías.
Y él, Sukuna, le recuerda al diablo a Uraume en todos los sentidos.
Tiene esa clase de mirada que parece conocer tus pecados antes de que siquiera los confieses.
"Confía en mí...", murmuró, móstrando sus afiliados dientes como una bestia hambrienta.
Esa sonrisa que no promete salvación, sino condena.
Uraume siempre ha tenido problemas con el amor.
Quizá porque también los tiene con la soledad.
Está acostumbrado al vacío, a no pertenecerle realmente a nadie.
Y cuando alguien logra hacerle sentir que ya no está solo, Uraume se aferra con una desesperación que jamás admitiría en voz alta.
Sus manos podrían ser caricias o cadenas, a veces ni siquiera sabes cuál de las dos cosas prefieres.
Sentía que lo odiaba porque le desarmaba, porque lo volvía sumiso ante una presencia que sabía que podría destruirlo.
Lo odiaba porque Sukuna tiene el poder de hacerle daño y, aun así, una parte de Uraume sigue acercándose.
Sentía que lo amaba, quizá demasiado, precisamente por eso... por odiarlo.
"Uraume... solo puedes odiar de verdad a alguien cuando primero le entregaste algo que podía ser destruido"
Y él lo destruyó.
Lo devoró hasta dejarle temblando entre sus dientes, le convirtió en algo vulnerable, dependiente, dispuesto a entregarle hasta la última parte.
"Uraume... porqué lo permitiste"
Porque mientras le consume, también le abraza.
Y duele, ¡cómo duele!
Duele que Sukuna lo lastime, que incluso lo haga sangrar, pero Uraume vuelve a aferrarse a él, con la voz rota, rogándole que lo cure.
Y, apenas lo hace, vuelve a suplicarle que sea él quien lo enferme otra vez.
[ . . . ]