Alfawife
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Fede Vigevani no pretendía comprar ese payaso.
La madrugada avanzaba lenta mientras navegaba por DMD, una de esas páginas que nadie admitía conocer, pero que todos sabían que existían. Buscaba algo simple: otro payaso para un video, una aparición breve, controlada, rentable. Nada fuera de lo habitual dentro del extraño ecosistema del Club Misterio.
Las fichas desfilaban una tras otra en la pantalla. Sonrisas exageradas. Nombres absurdos. Advertencias en letra pequeña que nadie leía del todo.
Fede presionó la flecha para ver el siguiente perfil.
Un segundo de distracción.
Un clic mal calculado.
Y el sonido seco de una confirmación automática.
COMPRA REALIZADA.
El corazón le dio un salto.
-¿Qué...? -murmuró, inclinándose hacia la pantalla.
El perfil que apareció no era el que esperaba.
No había visto antes a esa payasa.
No recordaba haber leído su descripción. No había advertencias claras, ni valoraciones previas, ni historial visible.
Solo una imagen borrosa, mal cargada, y un nombre que parecía incompleto, como si algo hubiera sido borrado a propósito.
Payasa.
Entrega inmediata.
Sin opción a reembolso.
Fede intentó cancelar.
La página no respondió.
Intentó cerrar la pestaña.
El sitio se recargó solo.
Por primera vez desde que había entrado en ese mundo, sintió una incomodidad distinta.
No miedo todavía.
Algo peor: la certeza de haber cruzado una línea sin darse cuenta.
No lo sabía entonces, pero ese error mínimo -un clic fuera de lugar- no solo cambiaría el rumbo de su contenido.
Se convertiría en su peor pesadilla.
Y en la del Club Misterio.
Porque no todos los payasos de DMD están hechos para entretener.
Algunos...
están hechos para quedarse.