RoxanaYasellLuis
Londres, 1968. El mundo gira a ritmo de The Beatles, minifaldas y revoluciones estudiantiles. Pero en la mansión Vexley, en el decadente barrio de Belgravia, el tiempo se detuvo hace un siglo.
Scarlett Vexley, de frágil belleza-cabello rubio desvaído, mirada gris y huidiza, una delgadez que roza lo enfermizo- es la última duquesa de Ashworth. O lo sería si su título sirviera para pagar facturas. Tras la muerte de su padre, ha heredado una mansión que se desmorona, una cuenta bancaria en números rojos y un personal reducido a la vieja cocinera Mrs. Gable, que cocina con latas caducadas.
No hay príncipe azul. No hay tesoro escondido. Solo una cláusula en el testamento de su padre: para recibir la propiedad, debe casarse antes de cumplir 20 años. Si no, todo pasará a manos de un primo lejano que planea demoler la mansión y construir apartamentos de lujo.
Elmer Vane, mandíbula cuadrada, cuerpo de atleta retirado del rugby, cabello castaño oscuro siempre despeinado, y unos ojos azules que miran a los demás como si fueran inferiores- es un estudiante de derecho de clase media. Arrogante, cínico y brillante, acepta el matrimonio como un negocio: ella necesita un esposo, él necesita dinero para pagar su último año de carrera y el tratamiento médico de su madre. Pero Elmer no cree en el amor. Cree en los contratos.
Ambos son arrogantes. Scarlett, aunque tímida, tiene la soberbia silenciosa de quien nació en la cuna equivocada. Elmer tiene la soberbia ruidosa de quien tuvo que ganarse todo con uñas y dientes. Chocan como el hielo contra el fuego. Y mientras Londres arde en protestas contra la guerra de Vietnam, ellos deberán fingir un matrimonio perfecto para salvar una mansión que nadie quiere... excepto Scarlett, porque ella no ve una casa ruinosas. Ve un refugio para niños huérfanos.