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"Los secretos son cómo el agua, pueden permanecer quietos por años, resguardados con cobijo dentro del recipiente que los contiene. Pero basta una abolladura, la más mínima grieta, para que se deslicen y el goteo inicial se convierta en un gran charco difícil de ignorar", es una de las primeras enseñanzas de su padre, y algo que quedó grabado a fuego en la mente infantil de Hunter. Por eso, en cuanto las gotas salpican su nariz curiosa, no puede ignorarlas y hace de su misión lograr que sus pies se adentren en el mar de misterio que comienza a mostrar su orilla.
Mientras va desenterrando secretos que nadie está preparado para descubrir y comprende que la verdad de su vida podría ser uno de los mayores goteos de todos, Hunter debe prepararse para una lucha que podría cambiar el curso de todo lo que sostiene su "realidad".
Entonces lo que debería ser un gran año universitario -lleno de fiestas alocadas y exámenes agotadores- se transforma en un infierno de alumnos desaparecidos y cuerpos hallados en los jardines del campus.
Hunter sabe que la lucha está golpeando a su puerta.
Entre Dioses que frustran cada uno de sus pasos, un enigmático estudiante que -por las más dudosas casualidades- aparece como por arte de magia en cada esquina a la que Hunter da vuelta y un demonio sediento de sangre suelto por los pasillos de la universidad, Hunter entiende que ya no hay espacio para el arrepentimiento. No cuando todo se resquebraja a su alrededor y se encuentra tan sumergido que es demasiado tarde para volver atrás, y el peso de los secretos lo empuja hasta profundidades reclamando ser por fin descubiertas.