ssonyeongz
En el reino de Hanyang llaman a Minatozaki Sana «la Princesa de Luz»: blanca, intocable, cruel. Nadie sabe que su pasatiempo favorito es romper lo que brilla. Hasta que una nueva criada del norte, Hirai Momo, entra al palacio con las manos llenas de cicatrices y la mirada llena de desafío.
Desde entonces comienza una guerra silenciosa: la princesa usa títulos, castigos y sonrisas venenosas; la criada responde con silencio, roces «accidentales» y una sola frase que se clava como daga: «Un día suplicarás que me quede».
Porque algunas princesas no se salvan siendo buenas. Se salvan ardiendo.