Lista de lectura de Marioluq737
4 stories
Sobreviviendo en tierra de bestias [Pronto en papel] by Harunita_
Harunita_
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En lo alto de las montañas, oculto entre la nieve y el silencio, existe un templo habitado por hombres lobo que han renunciado a la violencia para abrazar la meditación y el dominio de sus instintos salvajes. Allí vive Masaru, un joven solitario que se refugia entre libros y sueños, sintiéndose fuera de lugar incluso entre los suyos. Durante una gélida mañana, mientras recoge leña para el fogón, se encuentra por primera vez a una humana que estaba al borde de la muerte. Ella, al despertar, solo recuerda su nombre: Alana. Pero algo en su interior le dice que todo lo que la rodea está fuera de lugar. El templo, los hombres lobo, la magia, las costumbres... nada encaja con la lógica que parece haber quedado impresa en su mente. Juntos, inician una intensa búsqueda de respuestas. Mientras Alana intenta reconstruir su identidad a través de sueños en los que una familia desconocida la llama con ternura y urgencia, Masaru deberá enfrentar los sentimientos que comienzan a florecer en su corazón por ella.
La Heredera de Ubron(Primer borrador) by Marioluq737
Marioluq737
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Samina, heredera de Ubron, acaba de tener su ceremonia de la inyección, por fin pertenece a la sociedad, por fin... ha conseguido su poder. En un mundo donde la hipocresía y la ambición reinan en la sociedad noble, Samina deberá ser capaz de dar prestigio a su casa, aunque deba aventurarse en territorio desconocido para ello... Pd: Portada realizada con una imagen de IA
El nombre de las estrellas - Espectro. by santledrian
santledrian
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Morir fue lo fácil. Llevo dieciséis años en un piso de Chicago que huele a moho y a inquilino muerto. No recuerdo mi vida. De la mujer que amé me quedan ocho cosas: un colmillo torcido, una risa ronca, olor a cáscara de naranja abierta con las uñas. Y una promesa que hice sangrando en el asfalto y de la que ya no recuerdo ni las palabras. Me llaman espectro. Sombra. Residuo. Yo prefiero advertencia. El Velo tiene una regla y no admite excepciones: cada vez que uso lo que soy, me cobra un pedazo de ella. Ocho. Y bajando. Hasta que un chico me sostiene la mirada en un pasillo de instituto y algo, en alguna parte, deja de funcionar como debería. Llevo dieciséis años buscándola entre lápidas. Pero el garfio que tengo clavado bajo el esternón tira al sur. Siempre al sur. A una franja de esta ciudad donde hace cuarenta años que no entierran a nadie. Y sea lo que sea lo que me llama desde ahí abajo, no está bajo tierra.