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Durante dos años, Donald Trump y Nicolás Maduro mantuvieron una relación en secreto. Se amaban profundamente... o eso creía Maduro. Lo que él no sabía era que, desde hacía tres meses, Trump le era infiel con Christian Nodal.
Y era comprensible. Nodal, con sus tatuajes, su aura dominante y esa energía que hacía perder el control, era todo lo contrario a Maduro. Atrajo a Trump como un imán. Sus encuentros se volvieron frecuentes, las miradas más intensas, hasta que una noche el deseo los consumió por completo.