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Cuando su madre viaja a Italia y lo deja a cargo de la repostería familiar, Enzo debe aprender a sostener un negocio para el que no se siente preparado. Todo cambia con la llegada de Gonzalo, un empleado torpe pero cálido que poco a poco ilumina su rutina. Entre pasteles, café, un piano y secretos, ambos comenzarán a derribar sus propias barreras emocionales para dejar entrar al otro a su vida.