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En Hogwarts, todos conocen sus nombres.
Los Slytherin Boys siempre han sido considerados los chicos más peligrosos del castillo. Hijos de familias poderosas y temidas, herederos de apellidos que llevan generaciones dejando huella en el mundo mágico. Mortífagos. Problemáticos. Intocables.
Tom Riddle, Mattheo Riddle, Theodore Nott, Draco Malfoy, Blaise Zabini, Lorenzo Berkshire y Regulus Black saben perfectamente quiénes son y el poder que tienen.
Pero también saben algo que nadie más se atreve a decir en voz alta.
Hay personas mucho peores que ellos.
Personas cuyos nombres prefieren no mencionar.
Personas que no están en Hogwarts.
Hasta que una noche, durante la cena, Dumbledore se levanta y anuncia que cinco nuevos alumnos se incorporarán a séptimo año.
Cinco jóvenes que no son desconocidos para el mundo mágico.
Cinco nombres que llevan años circulando entre susurros.
Cinco personas que fueron separadas del mundo mágico, enviadas al mundo muggle y obligadas a aprender a sobrevivir lejos de todo lo que conocían.
Viktor Krum.
Finnick Odair.
Peeta Mellark.
Klaus Mikaelson.
Y ella.
Everly Grindelwald.
Hija de Gellert Grindelwald.
Superviviente de Azkaban.
Vencedora de los Juegos del Hambre.
El Sinsajo.
Una bruja capaz de hacer magia sin varita.
Los cinco crecieron juntos. Sus familias fueron amigas mucho antes de que ellos entendieran el significado de sus apellidos. Fueron separados, condenados y obligados a empezar una nueva vida en el mundo muggle.
Y allí se convirtieron en algo más que supervivientes.
Se convirtieron en Los Condenados.
Ahora han regresado.
Y Hogwarts está a punto de descubrir que algunas leyendas no pertenecen a los libros de historia.
Porque los Slytherin Boys siempre creyeron que ellos eran los que daban miedo.
Hasta que Los Condenados cruzaron las puertas del Gran Comedor.
Y entonces, por primera vez, alguien consiguió hacer que los reyes de Slytherin se preguntaran:
¿Quiénes son realmente los m