ElennMin
- Reads 2,798
- Votes 454
- Parts 35
Decían que Vegetasei podía verse desde el espacio como una herida abierta en mitad del universo. Rojo. Inmenso. Vivo.
Los viajeros hablaban de sus ciudades doradas, de sus flotas interminables y de la raza guerrera que gobernaba el planeta con puño de hierro desde hacía generaciones. Algunos lo llamaban el corazón del imperio saiyajin. Otros, el lugar donde morían las estrellas.
Pero dentro del castillo imperial existía otra verdad que nunca abandonaba sus muros. Una verdad que las concubinas aprendían rápido.
La corona de Vegetasei no era solo un símbolo de poder. Era hambre. Ambición. Sangre.
Todo dentro del palacio giraba alrededor de ella. Los nobles mataban por ella. Los generales traicionaban por ella. Los hijos nacían y crecían destinados a destruirse por ella. Y aun así, la corona seguía brillando sobre el trono como si nada de eso importara. Hermosa. Roja. Maldita.
Las mujeres del harem solían decir que el castillo podía reconocer a los monstruos incluso antes de que ellos mismos descubrieran lo que eran. Tal vez por eso los corredores se volvían silenciosos cuando el segundo príncipe aparecía. Tal vez por eso los soldados evitaban pronunciar demasiado alto su nombre. O tal vez porque todos en Vegetasei entendían algo simple: el hombre más peligroso del imperio jamás había sido el rey.
Y en algún lugar dentro de aquel gigantesco palacio lleno de oro, jardines y sangre, el destino del imperio ya había comenzado a cambiar. Mucho antes de que la corona encontrara a su nuevo dueño.