Sara_705
"No te quiero. Pero tampoco puedo odiarte", susurré con la voz apenas audible.
"Sé que no, cariño", respondió él con dolor en cada palabra.
Nuestros ojos se encontraron, los míos llenos de lágrimas. "Debería odiarte", confesé con un nudo en la garganta.
"Deberías", admitió él, con una pesadez en su voz.
Sus manos acariciaron mi rostro con ternura, sus ojos destellaban con intensidad.
"Y eso me hace lamentar todo lo que hice, Juliett", dijo con sinceridad.
Una pausa, un suspiro cargado de arrepentimiento.
"Una disculpa no soluciona nada", agregué.