Eliandresthore
A los veintidós años, Shinjiro Hayata creía haber domesticado al gigante. El joven que una vez vistió el acero de Ultraman era ahora un estudiante de último año, un rostro anónimo que buscaba la paz en los libros de texto. Pero el ADN de la Nebulosa M78 no entiende de diplomas ni de retiros. Al alcanzar la madurez biológica, sus células Specium no solo se estabilizaron; despertaron una frecuencia de luz y feromonas que cruzó el vacío del espacio como un grito de guerra y deseo.
Shinjiro no lo sabía, pero mientras caminaba por el campus, su cuerpo emanaba un aroma a ozono y poder que, para las razas más peligrosas de la galaxia, era el premio definitivo. La biblioteca central de la universidad se convirtió en el epicentro de la tormenta. En las vigas, Scar observaba con respeto táctico, fascinado por la pureza de esa luz.
En las sombras de la entrada, el sádico G'rahj preparaba sus trampas, despreciando el honor por el placer de la captura. Desde los niveles inferiores, el estoicismo de Xul-Ran y la furia de Pyrrhus convergían; los Pretorianos ya no servían a una Reina, sino al llamado del joven humano.
Dominando el perímetro, la mole de Karu'ul, el Predalien, aguardaba con la paciencia de quien se sabe el depredador máximo. Shinjiro cerró su libro, sintiendo una presión térmica bajo su piel que amenazaba con incinerar su ropa. El aire se volvió espeso, cargado de azufre y camuflaje óptico. El tiempo de la normalidad había terminado. El heredero de la luz ya no era el cazador, sino la presa más codiciada del universo.