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Laena Targaryen fue criada para un destino que nunca eligió, pertenecer a su sangre y servirla. Desde niña le enseñaron que su deber era unirse a su hermano y prometido, Aerion Targaryen, porque así lo exigía la tradición de su casa. Mantener pura la sangre del dragón era más que una creencia, era una obsesión heredada generación tras generación, incluso cuando los dragones permanecían extintos.
Pero la pureza tenía un precio.
Siempre lo había tenido.
La locura corría por sus venas con la misma fuerza que el fuego, latente, inevitable, siendo así esta su consecuencia.
¿Y qué ocurre cuando la locura, el fuego y el amor se encuentran en el mismo camino?