c0rnivus_
Katsuki -un demonio curtido por siglos de tedio y llamas eternas- desciende al mundo terrenal con un único propósito: saciar el hastío que le provoca un infierno que ya no logra sorprenderlo. Las almas que allí abundan han dejado de tener sabor, de ofrecer desafío. Todo es predecible. Todo... fácil. Por eso, cuando cruza el umbral hacia la tierra de los mortales, lo hace con una sonrisa apenas insinuada, cargada de expectativa y una peligrosa curiosidad.
No tarda demasiado en encontrar lo que, a simple vista, parece ser la presa perfecta.
Un joven de apariencia impecable, casi irreal. Su mirada es suave, su presencia delicada, como si no perteneciera a un mundo tan cruel. Hay en él una pureza que roza lo celestial, una inocencia que, para Katsuki, resulta tan tentadora como ridícula. Es el tipo de alma que cae sin resistencia, que suplica, que se rompe con facilidad. Exactamente el tipo de entretenimiento que buscaba.
O al menos... eso cree.
Porque lo que Katsuki no percibe -no de inmediato- es la grieta bajo esa fachada perfecta. No nota la forma en que esos ojos, tan dulces en apariencia, lo observan con una intensidad inquietante. No advierte que, mientras él cree estar cazando, ya ha sido marcado.
El "inocente" no lo es en absoluto.
Bajo esa piel de cordero se esconde algo mucho más oscuro, más retorcido... algo que no ruega, no teme y, definitivamente, no huye. Una mente perturbada, meticulosa, peligrosamente obsesiva. Una mente que, desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron, no vio a un demonio como amenaza...
Sino como deseo.
Y sin que Katsuki lo entienda aún, sin que lo sospeche siquiera, ya no es él quien lleva las riendas del juego.
Porque esta vez, el depredador... ha elegido a la presa equivocada.