HeyMaryHall
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Leóntides había decidido silenciar la voz de Apolo para ganar la guerra, pero jamás se imaginó que su Oráculo no creía en dioses.
La Guerra del Peloponeso estaba llegando a su final; la tensión entre Atenas y Esparta era máxima. Los Juegos Píticos iban a dar comienzo en pocas horas, puesto que ambos estados, enemigos hasta el tuétano, habían acordado una tregua para celebrarlos.
A escasas horas del evento, un joven guerrero ateniense, disfrazado de espartano, se infiltró en el corazón del templo con un único propósito: secuestrar a la Pythia y matarla lejos del santuario para liberar a Atenas de unas profecías totalmente faltas de imparcialidad, siempre desfavoreciendo a la ciudad.
Sin embargo, Leóntides se encontró con un Oráculo de Delfos muy diferente a lo esperado: una sacerdotisa sin integridad, quejona, malcarada, barullera, nada estoica, demasiado humana para representar la solemne voz de Apolo. Definitivamente, era alguien a quien le iba a costar asesinar.