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En Arnata, el heredero al trono no lo es por sangre, sino por el Ojo de Natham, una marca divina. Thei, consorte del Padisha Shuraka, ha construido un amor frágil pero profundo junto al hombre que lo llama "amada". Cuando el joven Banadal recibe la bendición del Ojo en una ceremonia, la diosa sorprende a todos iluminando también el vientre de Thei, anunciando un heredero de sangre directa. Entre lealtad, miedo y misericordia, el destino del reino pende de un hilo.