Larulitos_123
¡Oh, querida mía! ¿Por qué te es tan difícil aceptar que te amo? ¿Acaso no te das cuenta, flor mía, de todo lo que he dejado atrás en tu nombre? Ante ti no me inclino solo como un servidor, sino como un hombre rendido, ofreciéndote no solamente un imperio forjado en acero y sangre, sino mi corazón desnudo y mi alma entregada sin reservas.
Dime, mi flor del cielo, fragante y pura entre tantas sombras... ¿qué debo hacer para ganarme tu perdón? Me pides, con esa mirada que desarma ejércitos, que nunca te mienta. Pero, amor mío, cuando el silencio o la media verdad son escudos necesarios para proteger tu bienestar... ¿cómo podré concederte ese deseo? La crudeza del mundo no debe rozar tu esencia, y por eso a veces la protección se viste de sombra, aunque mi amor por ti arda con la luz más clara.
Dime, por favor, Adam, dulzura prometida, dueño de mis noches y mis días... ¿qué más deseas de mí? Tienes al emperador más temido de estos territorios postrado a tus pies, no por deber, sino por devoción. Una sola orden tuya bastaría para detener guerras o mover montañas. Y solo un beso tuyo... un beso que borre todas las cicatrices... valdría más que cualquier tesoro, y cancelaría con su dulzura cualquier deuda que tu corazón pudiera sentir.
Eres el jardín en mi desierto, la paz en mi tormenta. Así que habla, mi vida... que todo lo que soy espera, suspira, y late solo por ti.