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Zach y Chiara se odian de una forma íntima, casi sagrada. Conocen exactamente dónde herirse y lo hacen sin piedad, como si lastimarse fuera la única manera de seguir unidos. Cada discusión es una excusa para acercarse, cada desprecio un preludio del deseo que jamás admiten. No hay amor, dicen, solo una necesidad sucia, inevitable, que los arrastra una y otra vez al mismo abismo.
Mattheo y Leah, en cambio, ya cruzó el límite. Lo suyo no es pasión: es dependencia. Se vigilan, se reclaman, se sofocan con una obsesión enfermiza que confunde miedo con amor. No saben quiénes son separados, y por eso permanecen juntos, incluso cuando quedarse significa perderse del todo. Entre odio que quema y obsesión que asfixia, el desastre no solo es probable: es el destino.
LIBRO #3
TRILOGIA: IRRESISTIBLES DESEOS