nickggggg
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Nunca soñé con casarme por amor... pero tampoco imaginé hacerlo por obligación.
El día que mi padre me confesó que la empresa estaba a punto de perderse, entendí que algunas decisiones no se toman con el corazón, sino con la sangre. Y la única forma de salvarlo todo era aceptar un trato con Sebastián Herrera.
Treinta y dos años. Frío. Calculador. Perfecto.
Ahora es mi esposo.
Un año.
Ese es el tiempo que debemos permanecer casados.
Un contrato claro, cláusulas firmadas y una regla que ambos repetimos como si fuera ley: no involucrar sentimientos.
Él dice que esto es solo estrategia.
Yo intento convencerme de que también lo es.
Pero vivir en su casa, llevar su apellido y soportar la manera en que me mira cuando cree que no lo estoy observando... no estaba en los términos del acuerdo.
No planeé sentir nada.
No planeé que él me protegiera.
No planeé que su voz bajara cuando pronuncia mi nombre.
Se supone que esto es un matrimonio por conveniencia.
Entonces... ¿por qué cada día se siente menos como un contrato y más como un riesgo?
Porque quizá perder la empresa no era lo peor que podía pasar.
Tal vez lo verdaderamente peligroso es enamorarme del señor Herrera.