shalom_sol
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-Me vas a pertenecer Leónidas- La voz era melosa y lo suficientemente suave como para dirigirse directamente hacia un amante.
Su "amante" Omega.
-Tus sueños eróticos son mis chistes diarios en la mañana, hijo de perra- El sonido tosco y ronco que salió de su garganta podría confundir a cualquiera con la voz de un alfa.
Lastimosamente ese no era su caso.
Después de sus palabras, el Omega simplemente dejo al alfa rosadito hablando solo, tenía asuntos más importantes que esta bola de chicle rosa.
-Llevarás mi marca en ese hermoso cuello y la portaras con orgullo- El pequeño susurro está vez daba a entender una promesa, una que se aseguraría de hacerla verdad.
El enfrentamiento contra los dioses fue toda una masacre, pero al final el último representante de la humanidad logro llevarse la victoria. Los dioses tuvieron que tragarse el orgullo y dejar viva a la humanidad.
Solo los dioses menores fueron quienes no aceptaron la derrota, los gritos de degollar a la humanidad provenían de ellos. Eso fue antes de ser silenciados por los dioses de mayor poder.
El enfrentamiento fue difícil pero la victoria se disfruto aun más, con el pasar de los años poco a poco lograron traer a los dioses y humanos caídos.
Una tarea verdaderamente difícil. Encontrar las partículas de cada uno de ellos en toda la galaxia no es trabajo de todos los días, pero con la ayuda de algunos dioses está tarea pudo ser más llevadera. La mayor parte de las aportaciónes fueron por parte de beelzebub el dios de las moscas.
Tal vez fue por su afán de volver a ver al dulce omega hablador y de cabello marrón Nikola Tesla.
Lastimosamente la llegada de Leónidas no fue nada triunfal, lo primero que vió por primera vez en "alma" fue una bola de chicle rosa gigante esperándolo.
Y el se encontraba en la forma en la que el humano siempre viene a la vida.
Desnudo.