Amanda_lunaticaz
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Victoria Deer no llegó a la Reservación buscando amor.
Llegó huyendo.
De una casa llena de silencios rotos, de un apellido que todavía dolía en los papeles del divorcio, de un hombre que había aprendido a mentir con demasiada facilidad y a tocar demasiadas pieles que no eran la suya. Victoria no venía a reconstruirse. No todavía. Venía a desaparecer un poco. A ser nadie donde nadie la conociera.
Victoria lo miró sin expectativa.
Sam la miró como si acabara de perder el aire.
-Hola -dijo ella, simple, ligera-. ¿Este es... el lugar correcto?
El "sí" de Sam salió tarde, torpe. Porque en ese segundo él ya sabía cosas que ella no: que su risa iba a dolerle, que su tristeza iba a ser suya, que cada decisión de Victoria iba a importarle más que la propia.
Ella, en cambio, solo pensó que aquel hombre era grande, serio... y convenientemente atractivo. El tipo perfecto para una aventura sin promesas. Un refugio temporal. Un paréntesis.
Victoria Deer no quería raíces.
Quería noches que no hicieran preguntas.
Quería un cuerpo cálido donde olvidar que alguna vez había creído en para siempre.
Y Sam... Sam aceptó.
Aceptó el trato sin condiciones, sonriendo por fuera, sangrando por dentro. Porque tenerla cerca (aunque no fuera suya como él necesitaba) era mejor que no tenerla en absoluto. Porque la impronta no negocia, no se apaga, no entiende de miedos humanos.
Esa noche, mientras el mar rugía como un presagio y la luna se escondía entre nubes densas, Sam Uley comprendió la verdad más cruel de todas:
Victoria era su destino.
Y él, para ella, solo era un escape.