MirianQuevedo1
Cuando Katsuki y Kitsumi Bakugo tenían apenas seis años, sus vidas dieron un giro que ninguno de los dos fue capaz de comprender del todo. Sus padres, Masaru y Mitsuki, trabajaban en una importante empresa de modelaje que atravesaba una crisis seria en el extranjero: contratos perdidos, demandas injustas y una mala administración que amenazaba con destruir años de trabajo familiar.
La única forma de salvarlo era enfrentarlo personalmente.
El problema era que eso significaba separarse.
Mitsuki y Katsuki se quedarían en Japón, mientras que Masaru viajaría al extranjero llevando consigo a la pequeña Kitsumi. No porque quisieran dividir a la familia, sino porque los niños eran demasiado jóvenes para quedarse solos y solo un adulto podía viajar sin arriesgar más la estabilidad económica.
Katsuki lloró la noche anterior al viaje. No lo hizo por miedo, sino por rabia ante la idea de perder a su hermana. Kitsumi, aunque era más tranquila, apretó la mano de su hermano hasta el último segundo, prometiendo que volvería pronto. Ninguno imaginó que ese "pronto" se convertiría en años.
Aun con la distancia, ambos crecieron como alfas notables. Katsuki, guiado por Mitsuki, pulió su carácter explosivo y se enfocó en convertirse en héroe en Japón. Su determinación y poder alfa se afilaron como cuchillas, y su talento para el combate creció junto con su orgullo.
Kitsumi, por su parte, se desarrolló en el extranjero bajo un ambiente totalmente distinto, enfrentando retos culturales, entrenamientos nuevos y la constante presión de mantener equilibrado su instinto alfa lejos de su territorio natal. Su don floreció con fuerza, volviéndose tan impresionante como el de su hermano.
Aunque separados por un océano, ambos compartían el mismo pulso: el deseo de reencontrarse, de demostrar lo que habían logrado... y de volver a ser una familia completa algún día.
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