pan1526
Una polémica en internet.
Una confesión fallida.
Y un pequeño empujón.
Tres "insignificantes" sucesos terminarían obligándolos a actuar cómo una pareja frente a su jefe.
¿El problema? Ninguno era gay.
Y lo peor: se odiaban con el alma.
-¡Pero yo no soy joto! - decía Alejandro, quien negaba cualquier tipo de relación con el otro hombre.
-Escuche que el jefe quería darles un aumento -dijo una de sus compañeras, planteando una pequeña semilla de interés en los dos hombres-. Quiere utilizar su relación para limpiar su nombre.
-En situación de guerra, cualquier hoyo sirve de trinchera -y con esas sencillas palabras, Miguel termino aceptando.