Kitsugibooks
Hay cicatrices que el tiempo no borra.
Solo las entierra hasta que vuelven a sangrar.
Él aprendió a vivir con sangre en las manos el día que perdió a su madre.
A los quince años enterró la inocencia junto a ella, y en su lugar creció algo frío, algo implacable.
El mundo lo conoce ahora como Pakhan, el jefe de la Bratva.
Un hombre al que se le teme, se le obedece, pero nunca se le ama. Porque el amor es una debilidad que la mafia no perdona.
Ella aprendió a vivir con la ausencia.
Su madre también se fue demasiado pronto, y desde entonces construyó una vida simple, silenciosa y común.
Una vida entre dulces, café y rutinas que la mantenían a salvo del caos.
Nunca imaginó que el caos tenía nombre, rostro y un recuerdo enterrado en su infancia.
Se vieron una sola vez.
Hasta que la arrancaron de su mundo común y la arrojaron al suyo.
Cuando se enteró de que la habían secuestrado, el Pakhan no mandó a sus hombres.
Fue él mismo.
Porque hay deudas que no se pagan con dinero ni con balas.
Hay deudas que se pagan con el alma.
Ella no reconoce al niño de aquel día, solo ve al monstruo que todos temen.
Él sí la reconoce, y eso es lo más peligroso para ambos.
Porque un mafioso despiadado no rescata princesas.
Las reclama.