KimZaram01
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Me acostumbré a ser una espectadora de mi propia vida. Refugiada en mi ropa ancha, mi trenza larga y el silencio de mi balcón, me conformaba con observar el mundo desde la distancia. Leo era el descaro andante, el "señor sinvergüenza" vestido de blanco que, por pura casualidad, decidió invadir mi sistema nervioso y ocupar un lugar que yo ni siquiera sabía que estaba vacío.
Pero en este juego de sombras y luces, las cosas nunca son tan simples como parecen. Justo cuando empezaba a entender lo que sentía por Leo, apareció Apolo. Si Leo es esa luz que me deslumbra y me hace temblar, Apolo es esa sombra que me tienta y me confunde, atrapándome en un triángulo vicioso donde mis sentimientos se enredan y mi calma se pierde por completo.
Entre besos bajo las estrellas con uno y secretos compartidos con el otro, trato de encontrarme a mí misma sin salir lastimada. Porque aunque no sepa bien qué camino tomar, tengo algo muy claro: no quiero conformarme con pedazos de nadie.
Hoy le cuento mi historia a Valeria para que entienda que el amor no siempre es un camino recto. Se trata de aprender a quererte lo suficiente como para no permitir que nadie, por más que te guste, intente darte solo... migajas de ti.