anDerew520
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Circe odiaba a los adolescentes, odiaba el fútbol y, sobre todo, odiaba la miseria de sueldo que le pagaba Ego.
Pero no podía negarse a la petición de su hermana, Anri. Si ella creía que aquel proyecto ridículo tenía un futuro prometedor para el fútbol japonés, entonces Circe haría la vista gorda... y la ayudaría.
El problema empezó cuando conoció a los cientos de ególatras que poblaban el lugar. Cada uno lograba irritarlo más que el anterior y todos parecían drogados por el sueño de "ser el mejor".
En cualquier caso, el panorama era el mismo: un campo lleno de idiotas con demasiado orgullo y poco talento. Y Circe tenía la desagradable sensación de que estaba a punto de perder la poca paciencia que le quedaba.
Mientras tanto, su propio orgullo le exigía convertir a aquel grupo de pacotillas en los mejores jugadores de Japón.
Y lo haría.
Los arrastraría a un infierno sin salida, los rompería una y otra vez hasta que de ellos quedara algo, aunque fuera una mísera sombra que valiera la pena ver.