__Rukmini__
No recuerdo un solo momento en el que papá me mirara como si realmente estuviera feliz de que existiera.
Supongo que lo entendí demasiado pronto. Los niños suelen crecer creyendo que sus padres son perfectos, que los aman sin importar qué, pero yo aprendí a reconocer el disgusto escondido en las miradas antes incluso de entender muchas palabras. Cada vez que papá me observaba por demasiado tiempo, era como si estuviera viendo a otra persona... y quizá era exactamente eso lo que pasaba.
Nunca fui una hija deseada. Mi nacimiento simplemente ocurrió. Un error, un accidente, un "demasiado tarde" que ninguno pudo evitar.
Y aunque jamás me lo dijo directamente, sé que parte de él me culpa por existir.
Me parezco demasiado a mi otro progenitor. En la mirada, en la sonrisa, incluso en la manera de inclinar la cabeza cuando estoy molesta. Lo escuché una vez decirlo entre dientes, creyendo que yo dormía: "Eres igual a él". Como si fuera una condena.
Desde entonces entendí que no importa cuánto me esfuerce; cada logro, cada palabra amable, cada intento por acercarme... siempre termina chocando contra el recuerdo de alguien más. Porque cuando él me mira, no solo ve a su hija.
Ve al hombre que le arruinó la vida.
Y creo que esa es la razón por la que nunca logró abrazarme sin tensión, ni decirme "te quiero" sin que sonara forzado. Aun así, lo peor no es el rechazo. Lo peor es saber que, pese a todo, yo sigo buscando en sus ojos un cariño que probablemente jamás vaya a darme.