Lechuga_Quemada-666
Todo comenzó por ella.
Con Alejandra Rowan y la manera en que su mirada desafiaba al mundo, como si la tormenta la obedeciera.
Yo solo quería que me notara.
Quería que, entre tantas voces, la mía fuera la que se quedara en su mente cuando cerrara los ojos.
No lo planeé como un crimen.
Fue un acto de belleza.
Cada cuerpo que toque, cada piel que marqué, era solo un mensaje escondido entre alas: Una forma de llamar su atención, de mostrarle que había alguien dispuesto hacer lo que fuera por ella.
Seraphine lo sabe, ella siempre entiende el equilibrio entre la devoción y el delirio, entre cuidar y poseer.
Hay cosas que compartimos, como si nuestra locura fuera un lenguaje heredado en silencio.
Solo que el mío era para Alejandra Rowan y el suyo era para Madison Green.
Madison Green, un obstáculo delicado.
La doctora que la protege, que intenta entender lo que no puede salvar.
Pero yo estoy más cerca de lo que imagina.
Y mientras ellas se aferran a la razón, yo cultivo el caos con la precisión de un artista.
Porque todo lo que hago, es solo una ofrenda.
Un recordatorio de que amar, a veces, también es destruir.