SabakunoAmbar
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La Lincoln Navigator pasó rugiendo por encima, sin detenerse. Las luces traseras rojas se desvanecieron en la distancia.
Silencio. Luego, explosión de voces.
-¿Qué carajos fue eso? -jadeó Yukimiya, ajustándose las gafas rotas y limpiándose una raspadura en la mejilla.-Vieron lo mismo que yo, ¿no? -preguntó, aún en shock.
-Entonces entro en duda porque tú ni ves bien -se burló Shidou, sacudiéndose espinas del cabello rosa, aunque su sonrisa demoníaca traicionaba su intriga.
-Todo vimos a Rin subir a esa camioneta y besar a la persona que estaba dentro de ella, plebeyos -declaró Barou con su tono arrogante, poniéndose de pie como si nada, aunque tenía una rama clavada en la camisa.
Los demás se incorporaron lentamente, doloridos pero demasiado impactados para quejarse mucho. Isagi se frotaba el brazo, mirando la calle vacía.
-Pero... ¿quién era la persona que estaba dentro de esa camioneta? -murmuró Isagi, su mente analítica ya trabajando a mil por hora.
-Obviamente es alguien con dinero. Mi padre tiene cinco de esas para ir a Puerto Vallarta -comentó Reo con naturalidad, sacudiéndose el polvo de su ropa cara.
-Claro, el rico siempre humillando al pobre -rodó los ojos Bachira, pero sin su energía habitual; estaba tan sorprendido como todos.
-Olviden eso. ¿Por qué Rin se subiría a esa camioneta? -intervino Otoya, rascándose la cabeza, su cabello verde y blanco desordenado.
-M ás bien, ese niño esconde algo -dijo Aiku, cruzado de brazos, su expresión seria bajo la luz de la luna.
El camino de regreso a Blue Lock fue tenso. Nadie bromeaba ya. Caminaban en grupo compacto, lanzando miradas nerviosas a las sombras. Llegaron pasadas las 12:30 a.m., magullados y sucios, pero directo a la habitación de Aiku, que era una de las más grandes y privadas.