Aratute
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El aroma metálico de sangre y sudor era lo que golpeaba a Dogday en aquel lugar, encerrado en una celda solitaria por aquel que alguna vez amo, y se preguntaba, ¿en que momento todo se fue al carajo?, ¿cuando fue el instante en el que el dulce aroma de lavanda de su omega fue opacado por el de sangre de las vidas que arrebato? Siguiendo las órdenes de un falso Dios