Jemabook
-Sabes... para ser de mi propia sangre eres muy difícil de leer, hermano. Alguien que solo encripta constantemente sus emociones. Deberías sentar cabeza y dejar de pensar en cosas tan absurdas, ¿no lo sé? ¿Por qué no simplemente buscas una mujer que realmente llene ese corazón gélido que tienes?-dijo Marcela, viendo a Daniel.
-No cualquier mujer está dentro de esa línea, Marcela. Lo sabes... Sabes cuáles son mis requisitos si llego a tener algo así con alguien -dijo Daniel, desinteresado-Quiero una mujer...
-Sí, lo sé... no es necesario que me lo repitas -solto la pelinegra, tomando su bolso-. Si es así, deberías considerar a la estúpida de Beatriz.
Marcela sonrió burlonamente con desdén y sarcasmo.
-Ah, claro, ¿no está dentro de tus requisitos? Es una mujer con grandes capacidades que se amoldan a tus gustos... Solo hay un pequeño problemita...
Hizo una pausa.
-Es horrenda.
Daniel se quedó pasmado. Y desde aquella conversación, el nombre de Beatriz no dejó de sonar en su cabeza.
¿Su mujer ideal?
¿Beatriz?