Anabella_rz
El mundo de David, de ocho años, se ha encogido a cuatro paredes, susurros y el temor constante de mirar por la ventana. Afuera, la ciudad es un cementerio habitado por siluetas altas y retorcidas. Su estricta cuarentena se rompe cuando lo de afuera deja de caminar y comienza a querer ingresar. Lo peor que el terror no solo los busca: ha aprendido a copiarlos.