anadelgado819278
El salón estaba lleno de murmullos cuando Kaiser entró. Todos los alumnos enderezaron la espalda, y algunos hasta dejaron de respirar por un segundo. No era solo por lo guapo que era, con ese cabello rubio desordenado que caía sobre sus ojos claros, sino porque él caminaba con esa seguridad de alguien que estaba convencido de ser mejor que todos en la sala.
-Buenos días. -Su voz cargada de fastidio llenó el aire, mientras dejaba unos papeles en el escritorio con un golpe seco-. No esperen que los mime. No soy esa clase de profesor.
Unas risas nerviosas se escaparon entre los estudiantes, pero tú, desde tu asiento en la segunda fila, apoyaste la barbilla sobre tu mano y lo miraste fijamente, con una sonrisa ladeada. Kaiser, aunque aparentaba no fijarse en nadie, notó tu mirada y se incomodó un instante, cosa rara en él.
La clase avanzaba, pero cada vez que se daba la vuelta para escribir en la pizarra, tú lo observabas con descaro, disfrutando de cómo su camisa blanca se ajustaba a la espalda ancha y cómo su tono arrogante contrastaba con lo atractivo que resultaba.
En un momento, Kaiser hizo una pregunta difícil, de esas que lanzaba como dagas para dejar en ridículo a los estudiantes. Nadie respondió. Entonces él se cruzó de brazos y sonrió con superioridad.
-¿En serio? ¿Ni uno solo puede pensar? -soltó, con evidente burla.