CamiloNavasAlvear
Contrariamente a lo que se cree, fueron sus ojos los que lo atrajeron al principio. Perdía la capacidad de articular palabras cuando sus ojos se centraban en él y no podía evitar rehuir la atención con algún comentario sarcástico o cínico. Cuando ella se acercaba y él prácticamente podía ver su reflejo en sus ojos, apartaba la mirada reflexivamente, avergonzado y ocultando su vergüenza en su fachada de idiota arrogante, estúpido y borracho.