SabakunoAmbar
-Ha estado deprimido durante los últimos meses -explicó otro, bajando la voz como si contara un secreto-. Casi no habla.
-Tanto que afectó su desempeño en el juego y lo tienen en la banca. No ha tocado el balón en tres meses. Falló varios penales y varios goles bastante fáciles -añadió un tercero, con el ceño fruncido-. El entrenador estaba muy enojado.
-No sale de su habitación. Ya no juega con nosotros ni nos lee cuentos. Solo quiere estar encerrado con las cortinas cerradas -continuó otro, abrazando la pierna de Rin.
-Además cantaba canciones de José José. Desafinaba tanto que rompió mi pecera con su voz -dijo uno más, con indignación genuina-. ¡Mi pececito se asustó!
-Y también lloraba demasiado fuerte. No nos dejó dormir en meses. A veces se escuchaba hasta en la cocina -añadió otro, sacudiendo la cabeza.
-Tampoco comía y no se bañaba. Le llegó a crecer la barba. Parecía Santa Claus, pero mamá lo obligó a salir de su habitación, bañarse y rasurarse para el evento -concluyó Sofía, mirando a Rin con esperanza-. Ahora está un poco mejor... pero sigue triste.
Rin sintió un nudo en el pecho. La imagen de Bunny deprimido, encerrado, sin jugar, sin comer, era difícil de procesar.
-Ya veo.
-Pero ahora que estás aquí se va a poner feliz -insistió Sofía, tironeando de su manga con fuerza-. ¡Seguro que sí!
-Niños, no creo que... -empezó Rin, pero lo interrumpieron con un coro de voces.
-¡Sí! Esta vez tendrán su momento a solas. Ya nos encargamos del rubio estorboso -dijo uno de los hermanos, refiriéndose claramente a Leonardo Luna, con una sonrisa conspiradora.
-¿Qué quieren decir con eso? -preguntó Rin, confundido y ligeramente alarmado.
-Nada, solo que lo vimos llegar, lo tacleamos, lo amarramos y ahora mismo está en una chalupa hacia México. No los interrumpirá -explicó Sofía con total naturalidad, como si estuviera hablando del clima-. Fue fácil, es alto pero no es muy fuerte.