hyeonesst
En las familias chaebol, el amor nunca ha sido una razón suficiente para casarse. Es apenas un susurro frente al estruendo de los apellidos, una moneda demasiado pequeña para comprar el futuro que los grandes imperios familiares llevan generaciones construyendo. Allí donde las fortunas se heredan como coronas y los hijos nacen con un destino escrito antes siquiera de aprender a pronunciar su propio nombre, los sentimientos son un lujo que puede permitirse quien no tiene nada que perder. Los apellidos, en cambio, lo son todo.
Porque cuando dos de las familias más poderosas de Corea deciden entrelazar sus fortunas, nadie pregunta si sus hijos se aman. Nadie necesita una respuesta. Simplemente se anuncia el compromiso.
Shin Yunjin lo sabe desde que tiene memoria. Creció entre salones demasiado grandes para sentirse en casa, vestidos elegidos antes de que pudiera decidir qué quería ponerse y conversaciones en las que su futuro siempre aparecía mencionado como si fuera una propiedad más de la familia. Heredera del Shin Group, aprendió desde niña que el mundo no estaba hecho para ser justo, sino para pertenecerle a quienes supieran conservarlo.
Nunca se consideró especialmente cruel; después de todo, las flores que crecen dentro de un invernadero no conocen el frío del invierno. Yunjin tampoco. Para ella, las personas siempre habían tenido un lugar determinado en el tablero y nadie le había enseñado a preguntarse qué ocurría cuando una de ellas quería mover una pieza distinta.
Entre todas las decisiones que otros tomaron en su nombre, hubo una que jamás cuestionó demasiado:
Han Su-gang sería su esposo.
Los dos fueron prometidos cuando apenas