Frimost
Exo dejó de hablar a los ocho años. Gabriel fue el primero ante quien volvió a pronunciar su nombre. También fue quien le enseñó que el miedo podía limpiarse.
A los dieciséis, una fotografía lo obliga a reconstruir la amistad que le devolvió la voz y comenzó a convertirlo en alguien imposible de herir.