Amanda_lunaticaz
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Forks siempre supo guardar secretos.
Los enterraba bajo la lluvia, los cubría con musgo y los dejaba respirar en la niebla, como si el bosque mismo tuviera memoria. Aquella tarde, cuando el cielo era una herida gris abierta sobre los pinos, Scarlett House cruzó el cartel del pueblo sin hacer ruido.
No dejó olor.
No dejó huella.
El tiempo tampoco la tocó.
Era rubia como una promesa incumplida y tenía los ojos azules de algo que una vez fue cielo y ahora era destino. Caminaba como quien recuerda un lugar que nunca le fue explicado, pero que el cuerpo reconoce. Forks la recibió sin saber por qué, y ella aceptó el silencio como si fuera una lengua antigua.
A kilómetros de allí, en una casa que parecía suspendida entre los árboles, Edward Cullen se detuvo en seco.
No fue un pensamiento ajeno.
No fue una voz.
Fue una ausencia que regresó.
El piano quedó mudo bajo sus dedos. El mundo -ese que llevaba más de un siglo observando desde la distancia- se encogió hasta convertirse en una sensación imposible: el recuerdo de un latido. Edward cerró los ojos, aunque no los necesitaba, y el pasado le atravesó el pecho con la delicadeza de una daga.
Scarlett.
No el nombre.
Ella.
La había amado cuando el sol aún le quemaba la piel, cuando la sangre le respondía al miedo y al deseo. La había amado siendo humano, con la torpeza feroz de quien cree que el amor es eterno porque ignora lo frágil que es la vida. Scarlett había sido su hogar antes de que la muerte lo reclamara y lo devolviera al mundo como algo que ya no pertenecía a ningún sitio.
Ella no había envejecido.
Edward lo supo antes de verla.
Porque el destino, cuando se equivoca, deja ecos.