liv-sa
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Prólogo
Antes de que el tiempo sangrara
El tiempo no siempre estuvo herido.
Hubo una era en la que los reyes gobernaban sobre tierras firmes, donde el pasado no se filtraba en el presente y el futuro no era más que una promesa distante.
Hasta que apareció el primer Cirujano.
No vestía corona, pero conocía la anatomía del tiempo como quien conoce los huesos de su propia mano. Sabía dónde cortar. Dónde suturar. Dónde abrir fisuras invisibles para alterar destinos sin dejar rastro.
Su nombre fue Diógenes.
Y su ambición no tuvo medida.
El verdadero rey, Zafire, gobernaba con equilibrio. Pero el equilibrio no deslumbra; el poder sí.
La traición no llegó con espadas, sino con precisión.
Diógenes abrió una fisura y encarceló a Zafire en un pliegue del tiempo. No lo mató. Algo peor: lo despojó de su trono y lo fragmentó.
Separó su esencia de su cuerpo y la confinó en otro hombre, un cirujano leal... o eso creyó.
El error fue creer que la esencia obedece.
Las fisuras no solo alteran el tiempo.
Transforman lo que tocan.
Zafire despertó dentro de otro cuerpo.
Sirvió. Observó. Esperó.
En silencio, el rey desterrado aprendió la anatomía del mismo poder que lo había traicionado.
Cuando emergió de nuevo, ya no era el hombre que había sido.
Y cuando el tiempo comenzó a sangrar...
nadie entendió que el espiral acababa de nacer.
Mucho después, un niño sería apartado de su propia memoria.
Mucho después, una princesa sería escondida entre siglos.
Mucho después, el Círculo elegiría a su heredero.
Pero todo empezó aquí.
Con una traición quirúrgica.
Y con una herida que aún no ha cerrado.