jeongsskitty
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En el tejido del destino, existen dos hilos que nunca debieron cruzarse, pero que el universo, en su infinita curiosidad, decidió anudar.
Existe una jerarquía, ley de la naturaleza que rige a los vivos a través de los aromas y el alma. Los omegas son el corazón del mundo; seres de luz, aroma y calidez, destinados a encontrar un alfa que proteja su esencia. Para un omega, el destino es una brújula olfativa: buscas la nota que complete tu propia fragancia.
Por otro lado aquellos seres que existen en las sombras de la eternidad. Para ellos, el tiempo no corre, se estanca. No poseen un lobo interno que aúlle a la luna, pero poseen algo mucho más oscuro y antiguo: el Lazo de Sangre. Un vampiro puede pasar siglos en una fría indiferencia, hasta que encuentra esa fuente de vida específica que hace que su corazón muerto dé un único y violento latido.
La leyenda decía que era imposible. Un omega no podría ser el destinado de un vampiro, porque el omega busca calor y el vampiro es hielo. El omega busca un compañero de vida y el vampiro es una criatura de la noche eterna.
Sin embargo, en los pasillos de la Universidad de Artes, las leyes de la biología y lo sobrenatural estaban a punto de romperse.
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