nebulosafloral
Corría enero de 1971 cuando Charly García y Margarita Piegari se cruzaron por primera vez, en una disquería de esas que abundaban en Buenos Aires, más bien modesta y no muy limpia.
Él, con 19 años y la salida fresquita del Conservatorio, era un flaco alto con la música metida hasta los huesos; ella, con 16 años, cautivaba con sus ojos celestes, su pelo lacio cayendo sobre los hombros y un torrente de vitalidad desbordada.